Viendo la gran injusticia social y las infames acusaciones que sufre el grupo de los macarras, me he visto en la necesidad de romper una lanza en favor de este insigne conjunto de ciudadanos y dar a conocer, a España y al Mundo entero, las verdaderas raíces de su comportamiento y su imagen.
Los macarras son, sin lugar a dudas, los herederos legítimos de la nobleza estamental. Han tomado con un ingenio asombroso todos los símbolos de su poder y prestigio y los han adaptado a las nuevas circunstancias del siglo XXI. Forman, al igual que la nobleza del antiguo régimen un grupo fuertemente cohesionado y con relaciones endogámicas, con un código ético y moral propio que les marca duras reglas de comportamiento (Por ejemplo “la hermana y la piba de un colega son sagradas, chico” o “no mezcles al beber que si no la resaca es la polla, chico”) y unos fuertes lazos de solidaridad y ayuda mutua (“si me tocan a los colegas yo me meto y los mato, chico”).
Un espectador despistado podría pensar que es síntoma de simpleza intelectual el que todos se vistan y se peinen de la misma manera pero nada más lejos de la realidad, su aspecto y sus ropas deben dejar claro que forman parte de un grupo privilegiado y superior. De esta manera, el sombrero aristocrático y el monóculo han dejado paso a la gorra de colores llamativos y la gafas de sol (da igual la hora del día, la temperatura o el lugar en que se encuentre el macarra, son símbolos de su estatus), los piercing y tatuajes sustituyen a las joyas aristocráticas (aunque muchos siguen conservando reminiscencias del pasado y llevan grandes collares y anillos de oro), la camiseta del Radical a la de seda, las New Balance a las botas de cabalgar. Todos estos símbolos formaban y forman parte de una manera de mostrarse públicamente y de mandar un mensaje subliminal al resto de la sociedad, te encuentras ante un personaje de la nobleza.
El carro era en la antigüedad, y sigue siéndolo hoy, un signo de ostentación económica, sólo los más ricos se pueden permitir el transporte más lujoso, así que el carruaje de caballos se ha adaptado a las nuevas circunstancias y hoy es el coche tuneado con mazo de caballos, chico. Un detalle muy importante es la música del carro, al igual que la música clásica y la ópera durante largo tiempo se asociaron a la clase aristocrática ahora la música electrónica y el bacalao realizan la misma función con los macarras, ademas es fundamental que el carro tenga unos buenos altavoces para que la gente pueda darse cuanta a varias manzanas a la redonda que ahí se encuentra un macarra, lo mejor de la sociedad.
Su manera de hablar no indica incultura o vulgaridad brutal, es un argot aristocrático y particular que sólo es comprensible para un elitista grupo de iniciados. Antiguamente, a los nobles se les ponía el Don o la Doña delante del nombre y luego se decían sus títulos, ahora el prefijo señorial es un artículo y los títulos son apodos (por ejemplo, Don Ricardo Corazón de León, pasado al macarra sería El Richi Polla Brava; o Doña María Magdalena se llamaría en la actualidad La Mery o Mari la Bollera). Además, ninguna palabra debe pasar de dos o tres silabas (por eso el instituto es el insti o la furgoneta es la furgo). Por último, el término “movida” es comodín y puede usarse para múltiples acepciones (“pásame esa movida” puede referirse a cualquier cosa y “ayer nos metimos en una movida” puede significar un sin número de situaciones) y cualquier frase debe finalizar con la palabra “chico”.
Todas estas comparaciones son una pequeña muestra de las múltiples coincidencias que hay entre la nobleza señorial y el grupo de los macarras. Los Macarras son una élite cultural incomprendida en nuestro país, por lo que debemos reconocer toda su importancia y admitir que nuestro desprecio no es más que la envidia que nos produce el no pertenecer a ese grupo privilegiado de la sociedad.
Los macarras son, sin lugar a dudas, los herederos legítimos de la nobleza estamental. Han tomado con un ingenio asombroso todos los símbolos de su poder y prestigio y los han adaptado a las nuevas circunstancias del siglo XXI. Forman, al igual que la nobleza del antiguo régimen un grupo fuertemente cohesionado y con relaciones endogámicas, con un código ético y moral propio que les marca duras reglas de comportamiento (Por ejemplo “la hermana y la piba de un colega son sagradas, chico” o “no mezcles al beber que si no la resaca es la polla, chico”) y unos fuertes lazos de solidaridad y ayuda mutua (“si me tocan a los colegas yo me meto y los mato, chico”).
Un espectador despistado podría pensar que es síntoma de simpleza intelectual el que todos se vistan y se peinen de la misma manera pero nada más lejos de la realidad, su aspecto y sus ropas deben dejar claro que forman parte de un grupo privilegiado y superior. De esta manera, el sombrero aristocrático y el monóculo han dejado paso a la gorra de colores llamativos y la gafas de sol (da igual la hora del día, la temperatura o el lugar en que se encuentre el macarra, son símbolos de su estatus), los piercing y tatuajes sustituyen a las joyas aristocráticas (aunque muchos siguen conservando reminiscencias del pasado y llevan grandes collares y anillos de oro), la camiseta del Radical a la de seda, las New Balance a las botas de cabalgar. Todos estos símbolos formaban y forman parte de una manera de mostrarse públicamente y de mandar un mensaje subliminal al resto de la sociedad, te encuentras ante un personaje de la nobleza.
El carro era en la antigüedad, y sigue siéndolo hoy, un signo de ostentación económica, sólo los más ricos se pueden permitir el transporte más lujoso, así que el carruaje de caballos se ha adaptado a las nuevas circunstancias y hoy es el coche tuneado con mazo de caballos, chico. Un detalle muy importante es la música del carro, al igual que la música clásica y la ópera durante largo tiempo se asociaron a la clase aristocrática ahora la música electrónica y el bacalao realizan la misma función con los macarras, ademas es fundamental que el carro tenga unos buenos altavoces para que la gente pueda darse cuanta a varias manzanas a la redonda que ahí se encuentra un macarra, lo mejor de la sociedad.
Su manera de hablar no indica incultura o vulgaridad brutal, es un argot aristocrático y particular que sólo es comprensible para un elitista grupo de iniciados. Antiguamente, a los nobles se les ponía el Don o la Doña delante del nombre y luego se decían sus títulos, ahora el prefijo señorial es un artículo y los títulos son apodos (por ejemplo, Don Ricardo Corazón de León, pasado al macarra sería El Richi Polla Brava; o Doña María Magdalena se llamaría en la actualidad La Mery o Mari la Bollera). Además, ninguna palabra debe pasar de dos o tres silabas (por eso el instituto es el insti o la furgoneta es la furgo). Por último, el término “movida” es comodín y puede usarse para múltiples acepciones (“pásame esa movida” puede referirse a cualquier cosa y “ayer nos metimos en una movida” puede significar un sin número de situaciones) y cualquier frase debe finalizar con la palabra “chico”.
Todas estas comparaciones son una pequeña muestra de las múltiples coincidencias que hay entre la nobleza señorial y el grupo de los macarras. Los Macarras son una élite cultural incomprendida en nuestro país, por lo que debemos reconocer toda su importancia y admitir que nuestro desprecio no es más que la envidia que nos produce el no pertenecer a ese grupo privilegiado de la sociedad.
Quería poner una foto de un coche tuning pero encontré esta en la que salen las chicas azafatas de la concentración de tuneros y me gustó más
El coche tuning está detrás de la chica, lo juro






