
Los efectos del NAPALM en Vietnam
Esta es la página de un loco de la historia que disfruta como nadie de la compañía de sus amigos

Los efectos del NAPALM en Vietnam
En la fiesta de cumpleaños sorpresa del Bazta con Pablo, Caste, Ire, Carmona y el treintañero. Me gusta la foto porque el reflejo del espejo me recuerda a las Meninas de Velázquez. Por cierto, a ver para cuando mis amigos me haceis una fiesta sorpresa.

Luca llegó a la cafetería una tarde cualquiera de febrero, todo era monótonamente normal, el olor a grano, el suelo sucio de papeles, las sillas descolocadas, todo normal salvo por un detalle, una de las mesas del fondo estaba ocupada. Luca cogió el café y se dirigió a su lugar habitual, al acercarse, pudo descubrir la realidad oculta tras la tenue figura dibujaba entre las sombras, se trataba de una bella mujer de pelo moreno y largo, vestía un jersey negro con un pudoroso escote, no llevaba pendientes pero sobre el cuello colgaba un sencillo collar con dos piedras, y leía con atención un libro mientras fumaba un cigarro con el estilo de una actriz de los años 30. Al pasar a su lado, la mujer levantó de manera pausada la mirada, sus ojos eran tristes, lo que unido a la delicadeza de cada uno de sus movimientos le daban un aire frágil y melancólico. Luca pronto quedó fascinado por aquella joven misteriosa y decidió hablar con ella. Con la excusa de pedirle un cigarro, se sentó a su lado y le preguntó el nombre. Se llamaba Andreina y era tímida, muy tímida, pero desde su timidez fue capaz de levantar la vista y mirar fijamente a los ojos de su interlocutor, quien sorprendido por el gesto, quedó inmediatamente desmontado. Ella, entonces, dejó el libro sobre la mesa, la vejez de Simone de Beauvoir, y confesó su profesión, filósofa. Luca conversó con Andreina durante unos minutos antes de volver a su mesa. Luego, ella se levantó y lentamente se fue, dejando la sensación de una atmósfera vacía. A pesar de que cada día iba a la misma hora y al mismo bar, Luca nunca volvió a verla, para él, aquel recuerdo se convirtió en un fantasma que en ocasiones se manifestaba entre la aburrida realidad, un misterio que trataba de resolver dejando correr la imaginación, lo que, lejos de desgastarlo, lo hacía más fascinante. |
El culto occidental a la eficiencia y a la reducción de costos está llegando a unos límites que rozan con lo absurdo. El miércoles por la mañana fui a la administración de la seguridad social a conseguir un papel y la situación con la que me encontré me resultó absurda. Un residente marroquí había llegado a la oficina con la intención de conseguir su vida laboral, con un castellano deficiente había logrado entender con dificultad que ese trámite ya sólo se podía hacer por teléfono o por Internet, al llamar desde uno de los aparatos generosamente dispuestos por la administración comprobó, para su desgracia, que quien estaba al otro lado de la línea no era un ser humano sino una máquina, una máquina que no entendía de problemas de comunicación o de cultura, y que sólo se limitaba a pedir un dato de manera automática, como si tu también fueses una máquina. Este pobre marroquí, frustrado por no poder seguir las indicaciones, me pidió ayuda. Y yo, de pie junto al teléfono, engañando al contestador, contemplaba a unos metros de mí a los funcionarios sentados en sus asientos, con las miradas fijas en las pantallas de sus ordenadores, indiferentes. Entonces pensé que nuestra sociedad está deshumanizada, hemos sustituido el trato humano por la fría eficacia de los robots. Pero lo peor de todo es que esta tecnología nos aleja de la gente que nos rodea, mandamos callar a nuestra familia para escuchar la tele, nos ponemos a hablar por el móvil cuando estamos sentados tomando un café con otra persona, llevamos continuamente los oídos tapados por los auriculares para evitar que nos hablen. Somos islas en un mar de gente. Vemos como golpean a alguien en el metro y no intervenimos, leemos en el periódico que la gente se muere en el mundo por guerras o hambre y pasamos rápidamente a la sección de deportes. Cada día somos más egoístas y más individualistas. Hemos perdido el vínculo con lo que nos rodea, con el mundo, con el resto de personas, porque antes nuestras relaciones no se basaban sólo en las palabras sino en las miradas, en los gestos, en el tacto... En la era de la tecnología, la gente habla por el móvil y el Messenger, vive con prisas, consume masivamente antidepresivos y lee libros de autoayuda, se siente vacía y no encuentra sentido a las cosas. La religión ha dejado paso al nihilismo ¿Qué clase de mundo estamos creando? Las maquinas nos hacen la vida más fácil pero no pueden solucionarnos las grandes cuestiones de la vida, ese es el problema. No se puede vivir sin un sentido, necesitamos querer y que nos quieran, buscar la felicidad, conocernos a nosotros mismos. Pero tenemos el espíritu atrofiado de no usarlo y pasamos tanto tiempo tratando con máquinas que cada día nos parecemos más a ellas. |
Habitación de un hotel (1931) por Edward Hopper, para mi este cuadro consigue transmitir soledad, per una soledad atrayente, la de la lectura.
Mi sobrino Rafa, el gordinflas como le llamo yo cariñosamente, cumplió un añito el día 29 de enero, para celebrarlo he querido poner un video en el que aparece haciendo alguna de sus gracias. Porque mi sobrino es, ante todo, una estrella, le encanta ser el centro de atención (en eso se parece a su tío) y para ello no duda en provocar a sus espectadores de diversas maneras: fingiendo que rie, bailando o moviendo la cabeza como loco. Y si decides hacerle una foto, posa como si de un modelo profesional se tratase. La verdad es que es un cachondo, le encanta estar de fiesta y rebosa alegría, seguro que cuando crezca va a ser un crack. |
Melancolía de Mauel Martínez Godinez
Esta obra sobre la melancolía es, como la anterior, de Eduard Munch pero a mi me gusta más.
Este fin de semana he comprendido un poco mejor a mi buen amigo Yonko, vivir en Málaga está muy bien. Cuando un 12 de enero, mientras en Madrid se mueren de frío cubiertos por la lluvia, te encuentras comiendo pescadito frito en la terraza de un chiringuito al lado del mar y con el rostro acariciado por el sol, no hace falta ser muy listo para darse cuenta de esta realidad. Málaga es una ciudad mediana, tranquila y con sentido común. Y digo esto último porque su alcalde, en vez de caer en la demagogia y la hipocresía de la mayoría de políticos del resto de ciudades de España, ha habilitado una zona al lado del puerto (donde el ruido no molesta a nadie) con baños y policía para que los jóvenes puedan hacer botellón. A estas alturas pienso que ha quedado demostrado que los jóvenes no dejan de beber porque les prohíbas hacerlo en la calle, pero esconder los problemas debajo de la alfombra en vez de afrontarlos da una estupenda rentabilidad política en nuestro país. Por último, os recomiendo visitar en su puerto una réplica del Santísima Trinidad, buque insignia de la armada española en la batalla de Trafalgar, transformado en un bar-restaurante para bolsillos generosos. En fin, que Picasso preferiría Paris para vivir pero no creo que olvidase el clima y el mar que dejaba detrás. |
Esta planta tienes más huevos que yo, ha sobrevivido a Almendris y al Yonko. Ni que decir tiene que necesita poca agua
Se acabaron las navidades, esa época del año en la cual sacamos lo mejor y lo peor de nuestra cultura y de nosotros mismos. Las navidades pueden entenderse como un periodo de consumismo, de hipocresía o de situaciones forzadas, pero, por otro lado, no dejan de ser un momento de reencuentro con la gente que quieres, de generosidad e ilusión. Para mí, estas navidades han sido muy complicadas, marcadas por la tristeza y la decepción que produce la pérdida del amor, aunque, gracias al apoyo de mi familia y mis amigos, no lo he pasado muy mal. La verdad es que me siento muy afortunado por tener tanta gente que me ofrece su cariño y apoyo, nadie que tiene la suerte de tener a tantas y tan buenas personas a su lado tiene derecho a deprimirse. Así que creo que debo aplicar la máxima de “año nuevo, vida nueva” y tratar de poner a mal tiempo buena cara. El 2008 espero que sea un año decisivo para mi, terminar la tesis y conseguir un buen trabajo, recorrer América de mochilero y encontrar una churri que me quiera, esos son mis objetivos, aunque no estoy seguro que sea una buena idea ponerlos por escrito en mi blog, no vaya a ser que no consiga ninguno. La vida del becario bohemio llega a su fin pero pienso despedirla por todo lo alto. Feliz año a todos mis lectores, espero seguir contando con vosotros. |
En esta vida, desde que tomamos la responsabilidad sobre nuestros actos, nos hacemos otra cosa que elegir, en eso consiste la libertad individual aunque a veces tratemos de eludirla. Las elecciones van desde las pequeñas cosas que afectan a nuestra vida cotidiana hasta los grandes temas del trabajo, la familia o el amor. No podemos eludir las decisiones, apostamos y recogemos los resultados. Unas veces se acierta y otras te equivocas, es inevitable, en mi opinión lo importante no es elegir siempre el camino correcto, algo imposible (entre otras cosas porque a veces la frontera entre lo bueno y lo malo no está tan clara), sino qué criterio utilizamos para elegir y cómo actuamos frente a las consecuencias de nuestros actos. Cuando los efectos son buenos tenemos la satisfacción del deber cumplido, cuando los resultados son negativos para nosotros o, lo que es peor, para los que nos rodean y no hay manera de solucionar el daño, la gente suele tomar dos posturas: decir que no nos arrepentimos porque en el momento en que tomamos la decisión nos pareció la mejor opción posible, o pensar que metimos la pata y torturarnos por los remordimientos. Últimamente yo tengo la sensación de no haber tomado las decisiones correctas en mi vida, no me gusta mi situación actual y me pregunto como habré llegado hasta este punto. En lo profesional, de momento continúo siendo un “proyecto de persona”, una eterna promesa de que cualquier tiempo futuro será mejor, y en lo amoroso creo que la sensación es muy parecida, es evidente que me va muy mal en este importante aspecto, pero yo no le hecho la culpa a los demás o a la mala suerte, creo que me he equivocado muchas veces y esa cadena de errores me ha llevado a perder a la gente que quería, una dura condena. Miro al pasado con melancolía y al futuro con ansiedad, todo puede cambiar en un instante, la felicidad y la tristeza son estados transitorios cuya proporción marcan la calidad de la vida, nuevas decisiones me esperan y cada vez dudo más de mi criterio para elegir lo mejor. |