13 junio, 2014

TENEMOS UNA OPORTUNIDAD


Tengo la sensación de que estamos viviendo un momento histórico, que mi generación se encuentra ante la oportunidad de elegir entre seguir por un camino que nos lleve al abismo o cambiar las cosas.
Cuando hablas con las personas en la calle, da igual su edad, su nivel cultural o de renta, todos están hartos de los políticos. Vivimos controlados por una aristocracia de gente sin preparación ni capacidad para gestionar los recursos del país, cuyos méritos consisten en saber moverse en las aguas del nepotismo y de los favores. Que están más preocupados por devorarse unos a otros por un pedazo de poder que por solucionar los problemas reales de los ciudadanos. Y por si todo eso fuera poco, su falta de sentido cívico hace que una gran parte sean corruptos, que es el peor tipo de ladrón que se puede llegar a ser. Ante esta situación, la gente corriente, la que no gana millones ni ve protegidos sus privilegios por el partido en el gobierno, se va desconectando cada vez más del sistema. Cada nueva elección observa que los políticos prometen cosas que luego no cumplen al llegar al poder, que se preocupan más por “los mercados” que por las personas, y no se sienten representados. No hay división de poderes, los ricos tienen leyes hechas a su medida y sólo se condena a los pobres, y cuando algún poderoso es juzgado, se le indulta y todo solucionado. La democracia es una farsa y está controlada por los partidos políticos, es tan poco democrática que los ciudadanos no tienen ningún poder real para cambiar las cosas.
En España hay mucha gente sin empleo y muchos de los que lo tienen han visto empeorar sus condiciones de trabajo y sus sueldos. La crisis provocada por el descontrol financiero y los bancos ha servido de excusa para recortar en gasto social, en educación y en salud. El Estado, que debería garantizar a las personas unos derechos mínimos que les permitan desarrollarse como individuos y la igualdad de oportunidades, ejerce de defensor de los privilegiados y de policía. ¿Por qué iba uno a aceptar tener obligaciones si no gana nada a cambio?
La gente ha salido a la calle, pero no ha servido para nada, los políticos viven de espaldas a la sociedad. Ya casi nadie cree en las revoluciones y los poderosos aprendieron que mientras las personas tienen el agua sólo hasta el cuello no se rebelan. Mantienen justo ahí el nivel, a sabiendas de que si lo dejaran subir un poco más la gente no tendría nada que perder, y entonces la desesperación les empujaría a cambiar las cosas. Pero ya hay ciudadanos que se están ahogando y otros que son conscientes de su situación, ahí está la esperanza, en que despierten, en que se movilicen y en que luchen.
Debemos acabar con este sistema corrompido, sí, pero ¿y luego qué? No basta con cambiar a las personas, hay que construir una nueva democracia. Para mi aquí se complica la cosa, tengo claro que no quiero otro sistema controlado por partidos políticos, pero tampoco creo que la mayoría siempre tenga que decidir lo que se debe hacer, a veces la mayoría puede estar equivocada. Por un lado, no tengo miedo a que la gente exprese su voluntad, si quiere partir España o formar una república, que decida. No obstante, también soy consciente del poder que en el siglo XXI tienen los medios de comunicación para moldear la opinión pública, por lo que en realidad, nunca se puede tener una elección realmente limpia. Evidentemente, no es posible descubrir en un pequeño artículo las claves de un sistema político perfecto, o por lo menos de uno no tan imperfecto. Creo que se debe abrir un proceso constituyente sin límites de ningún tipo y se debe escuchar la opinión de los expertos (juristas, filósofos, economistas, historiadores, politólogo, sociólogos, etc.). Que ciudadanos comprometidos recuperen el protagonismo y retomen el control de sus vidas, de su destino. Y el que no quiera el peso de esa responsabilidad, que se vaya voluntariamente a una dictadura o que renuncie a sus derechos.

30 octubre, 2013

EL VIAJE.



En un hotel que no conoce, de una ciudad en la que nunca estuvo. Sentado sobre la cama, con las manos sobre las rodillas y la cabeza erguida, su mirada atraviesa la pared del cuarto y se pierde en el vacío:

- ¿Cómo he llegado a este lugar? ¿Qué hago aquí?

Las preguntas resuenan en su cabeza como el eco de una cueva. Una mirada sin brillo asoma en sus ojos, demasiado tarde para volver, pero para volver a dónde:

- Yo tenía una vida, tenía una familia y ahora, no tengo nada.

Sus manos se cierran de repente, siente rabia, odio... Mira al suelo furioso, se calma poco a poco ¿a quién podía culpar? ¿al destino? nunca creyó en el destino, todo el mundo tiene problemas pero él no supo enfrentarlos, no supo superarlos y perdió, lo perdió todo. Sin embargo, la duda lo atormenta, lo asfixia: ¿En qué momento dejó de haber vuelta atrás? ¿Aquello era inevitable o pudo haber hecho algo diferente con su vida?…

Se siente solo pero no quiere pagar por compañía, no tiene a quién llamar, está aburrido, asqueado de la vida, se levanta, da vueltas por la habitación, se vuelve a sentar. Encima de la cama hay un cuadro del mar, de un mar sin nombre como aquella ciudad y aquel hotel. Hace años, cuando era joven, buscó un lugar así, el sitio donde por fin sería feliz, donde todos sus sueños se harían realidad, pero no lo encontró, no lo encontró porque sólo existía en su mente, como la mujer que quería, la mujer que sí existía pero que él no supo ver….

Sobre la mesilla una biblia, la coge con desprecio y la guarda en el cajón, no quiere verla, no se traga sus mentiras, no será en sus historias que él encuentre consuelo, ni en las del televisor que tiene en frente, ni en la botella del minibar… todo eran maneras de huir de la realidad, pero no le servían, la suya era viajar, conocer lugares nuevos y abandonarlos antes de que se convirtieran en rutinarios, era un adicto de la novedad, de la adrenalina de pensar que esa vez sería diferente, que esa vez podría quedarse… pero era sólo una ilusión, un espejismo que cada día se apagaba un poco, hasta desparecer entre el tedio y la amargura.

Se tumba sobre la cama hecha, contempla el techo blanco y la vieja lámpara en forma de araña, aburrido, las preguntas siguen golpeando su cabeza:

- ¿Qué estoy haciendo aquí? ¿Qué sentido tiene todo esto?

El segundero del reloj de mesa suena incómodamente, sigue pensando, se angustia, da vueltas en la cama, y finalmente encuentra una salida, una respuesta que le tranquiliza por un instante:

- No hay elección, no pude vivir de otra manera…

Edward Hopper, Habitación de hotel, 1931, Museo Thyssen, Madrid

01 agosto, 2013

QUÉ ES ARTE URBANO Y QUÉ NO LO ES.


Avenida de Berna, Lisboa:
- Sobre uno de los muchos edificios abandonados de la ciudad se pinta el rostro de una mujer, se trata de una iniciativa en contra de los malos tratos a las mujeres. Para mí esto puede considerarse arte urbano.
- A un imbécil integral se le ocurre pintar su firma sobre el rostro de la mujer. No sé si la motivación del grafitero es el egocentrismo vandálico o un alzhéimer prematuro que le lleva a escribir su nombre por todas partes para no olvidarlo. El caso es que, como se ve en la foto, el imbécil tenía una pared virgen al lado pero decidió, en un acto irrespetuoso propio del que no sabe distinguir entre la rebeldía y la estupidez chulesca, hacerlo sobre el rostro femenino. Esto no es arte urbano.

30 junio, 2013

UNA TRABAJADORA MÁS.

Mercedes Zapatero, mi madre, es una más de esas personas anónimas que un día se jubila, después de toda una vida de esfuerzo y trabajo, y pasa desapercibida para el resto de la gente. Y es precisamente el hecho de no ser diferente a millones de españoles lo que la hace especial. Si mi madre es desconocida para la opinión pública es porque se dedicó a una cosa tan poco original como trabajar por un sueldo escaso, y además lo hizo de manera honrada, como la gran mayoría.
Hoy esto está muy mal visto, eso de trabajar como un burro para acabar con poco dinero ahorrado y una pensión baja no tiene ningún glamur, casi te quedas con cara de tonto o inspiras pena en los demás. La moda es especular con el dinero de los otros y si se puede robar o defraudar al estado, mucho mejor. Además se busca evitar las leyes o la mejor manera de no cumplirlas y salir impune. Nuestros banqueros, políticos e incluso la familia real nos enseñan que no hay nada como amasar fortunas con el mínimo esfuerzo y hacer ostentación de ello, para que se note que tú eres muy listo y los demás que se dedican a trabajar y pagar impuestos son muy tontos.
Pero bueno, puesto que los listos no pagan impuestos, habrá que agradecer al resto de contribuyentes nuestro sistema de salud y de educación gratuitos, por lo menos hasta que se lo carguen los que tienen dinero para pagar esos servicios a privados.
Por otra parte, mi madre forma parte de otro grupo anónimo y poco original, el de aquellas madres trabajadoras que después de divorciarse tienen que cuidar a sus hijos solas y trabajar como burras para poder mantenerlos. Hoy que también está tan de moda la austeridad y los recortes del gasto público habría que decirles a nuestros políticos que estas mujeres llevan aplicándolos a sus vidas desde hace décadas. La diferencia se encuentra en que en este caso la política del ahorro tiene algún sentido, el que a sus hijos no les faltase de nada. Y por si todo esto fuera poco, la mayoría de estas mujeres no tuvo acceso a una educación superior ni cuentan con negocios, así que tuvieron que dedicarse a trabajos duros y mal pagados que no les gustaban. Pero lo hicieron sin rechistar y ahora tienen que soportar todos los días la manida frase de que “vivimos por encima de nuestras posibilidades”, ellas que vivían con lo mínimo mientras otros se hacían ricos gracias al sudor de las masas.
Después de décadas de trabajo sería bonito que a uno cuando se jubila el estado le mandara una carta agradeciéndole los servicios prestados al país pero es mejor no esperar algo así, lo más probable es que suceda lo contrario y alguno de nuestros políticos haga algún comentario mezquino refiriéndose a los mayores como una carga insostenible. Si esto no es posible, por lo menos estas personas anónimas se merecen el agradecimiento eterno de aquellos a quienes con su trabajo les dieron una oportunidad en la vida, sus hijos:
Gracias mama por tu amor y tu dedicación
El Virrey

09 diciembre, 2012

Portuguesa asomada a la ventana


Durante años, aquel fotógrafo desencantado con la vida, había recorrido incansablemente el mundo tratando de captar en su objetivo momentos únicos, escenas que resumiesen historias, instantes congelados capaces de transmitir sentimientos. Pero aquella búsqueda exterior también era profundamente interior, porque no existe la imagen neutra y cada fotografía debía pasar antes por el filtro del alma del artista. Así, con objeto de poder entender la realidad que quería atrapar, el fotógrafo se identifico con cada uno de los lugares que visitó, y aquello le consumió lentamente. El idealista de la juventud dejó paso a un pragmático y escéptico gruñón, que recelaba de la condición humana y despreciaba el mundo que le rodeaba. La nausea le angustiaba y ansiaba lugares tranquilos, solitarios, llenos de naturaleza, con horizontes amplios y soles incombustibles. El deseo de calmar los recuerdos que anegaban su espíritu, las llamas de la frustración, le llevaron a una pequeña aldea al lado del mar. Nada había ya en este mundo que le interesase y se disponía a contemplar cómo se consumía su vida sentado en la terraza de un viejo bar. Sin embargo, cada día un pequeño detalle enturbiaba su propósito, eran apenas chispazos, pequeñas impresiones no buscadas ni deseadas. La vida continuaba negándose a cumplir sus expectativas, en este caso aquellas forjadas tras décadas de decepciones. Esas grietas desconcertantes podían nacer del placer de contemplar unas gaviotas divirtiéndose con el viento, de la estampa de un grupo de pescadores recogiendo las redes de su viejo barco al final de la tarde, o de la imagen de la belleza cotidiana de una mujer que, recién levantada y descuidada, se afanaba por tender la ropa contra el sol, dejando entrever la hermosura de su perfil.

11 mayo, 2011

CRÓNICA DE MI VIAJE A LOS BALCANES

Si antes de mis vacaciones de Semana Santa de este año alguien me hubiera dicho que se había recorrido 6 países en 10 días, yo le hubiera dicho que menuda gilipollez que había hecho y que así no se conoce bien nada. Pues bien, después de pasar por Sofía, Skopie, Ohrid, Tirana, Podgorica, Belgrado, Novi Sad y Timisoara, creo que en ese pequeño tiempo, si bien uno no puede conocer la cultura ni la realidad de un país, es posible aprender muchas cosas sobre la gente y la historia de esos lugares.


Una cosa que puedes percibir rápidamente es que, quitando Belgrado, ninguna de las ciudades por las que pasamos estaba preparada para el turismo y creo que de momento tampoco les interesa mucho. Tanto David “el sobradito”, como yo, sabíamos que este no era un viaje para ver cosas bonitas o museos sino para aprender un poco sobre como estaban las cosas en ese lugar del mundo y por qué se lió la que se lió hace tan solo unos años. Las infraestructuras de estos países son tercermundistas y las conexiones entre ellos están muy mal articuladas. Nosotros hemos viajado en autobuses, un minibús conducido a través de las montañas por un camicace albanés, múltiples taxis, trenes que parecían sacados de una peli de los años 30, y hasta haciendo autostop, el momento más peligroso del viaje cuando, después de pasar a pie la frontera que unía Albania con Montenegro, nos recogieron unos albanokosovares de dudosa reputación. Este variada forma de viajar estuvo muy bien porque nos permitió descubrir el paisaje de los países por los que nos movíamos y aprender, como en el caso de Albania, que se trataba de un país extremadamente rural y pobre en el que a un dictador paranoico (como todos) se le ocurrió la genial idea de llenar el territorio de cientos de miles de bunkers.


La primera generalización que quiero hacer a partir de mi experiencia, a riesgo de que me crucifiquen públicamente, es que creo que en esa zona no hay ningún plato digno de tenerse en cuenta. Es cierto que en Skopie me comí el mejor kebab de mi vida, y que en toda la región tienen unos pastelitos de hojaldre y miel muy ricos, pero comida, lo que se dice comida, poca y mala. En Sofía es especialmente sangrante la cosa, está inundada de pizzerías y Mac Donalds. Ahora bien, como dice mi amigo el sobradito, el vino puede haberlo o no, beberse o no, pero en cualquier lado puedes encontrar cerveza, y la de Bulgaria estaba muy buena.


Antes de pisar Macedonia no tenía ni idea de lo que me iba encontrar pero esperaba hacerme una foto en algún monumento en el que apareciese Filipo o Alejandro Magno. Sin embargo lo que me encontré fue algo muy distinto, una especie de Yugoslavia en pequeñito, un país artificial compuesto por musulmanes, católicos y ortodoxos en el que pocos creen. La inseguridad nacional se refleja en que la bandera, esa que parece sacada de un comic de manga, está por todas partes. El barrio musulmán es muy bonito y sus habitantes aun conservan la costumbre de reunirse para jugar al dominó, las cartas o el ajedrez mientras se toman un té turco. Así acabé yo jugando una partida de ajedrez con un montón de abueletes musulmanes que no hacían más que dar gritos, reírse y meter mano en el tablero, toda una experiencia. Y de Alejandro nada de nada, ahí le consideran griego (con los que se llevan muy mal) y no quieren saber nada de él, toda una decepción.


Albania fue sin duda el gran descubrimiento del viaje. Tuvimos la suerte de ir a ese caótico país en época de elecciones y eso nos permitió comprender muchas cosas. A pesar de que la población albanesa es fundamentalmente musulmana, toda la capital estaba llena, además de los carteles de los diferentes partidos políticos, de banderas de la OTAN y de Estados Unidos, lo cual nos recordó la guerra de Kosovo y los intereses yanquis por tener una base permanente en la zona. Pero esta americanofilia (si es que existe esta palabra) llega a extremos ridículos, una de las principales avenidas de Tirana se llama George W. Bush y por la noche, mientras veíamos el robo que le hacían al Real Madrid frente al Barcelona, vivimos una escena esperpéntica que refleja muy bien lo que estamos diciendo. Al bar que elegimos para ver el partido, casualidades de la vida, llegó entre aplausos el embajador de EE.UU. con uno de los candidatos a las elecciones, inmediatamente aparecieron tres cámaras de televisión y dos fotógrafos para inmortalizar el momento. La evidente intención política de la situación quedó clara cuando el embajador, al cual le importaba una mierda el soccer europeo, al final de la primera parte, cuando ya le habían grabado y fotografiado suficientemente, se levantó y se piró de allí con todo su cortejo de lameculos. Otra cosa evidente que refleja esta anécdota es la cultura globalizada en la que vivimos, ya que por todos los países por los que pasamos la noticia deportiva del momento era el partido del Madrid. A mi me llamó mucho la atención ver que, los cabrones de los albaneses, que iban a muerte con el puto Barça, vivían el partido como si de la resolución de su competición nacional se tratase. De todas formas, me parece que más que el fútbol, lo que les gusta por allí es apostar dinero, porque si de algo están llenas las calles de Serbia o Albania es de casas de apuestas donde puedes ver los partidos de cualquier liga mundial.


Por último, no hace falta ser muy listo para reparar en que Macedonia o Albania son muy diferentes a Serbia y Montenegro. Y no lo digo por la herencia turca tan evidente en los primeros. Es algo que no es fácil de explicar pero que se percibe rápidamente, contrasta el descontrol de los albaneses con el orden de los eslavos y, por supuesto, racial y culturalmente te das cuenta de que estas ante dos realidades distintas. Los serbios son un poco más serios y reservados que en el resto de países por los que pasamos, latinos con sangre fría como decía el tío del sobradito. Los hombres parecen marines, muchos van con el pelo rapado, están cuadrados por el gimnasio y llevan tatuajes de águilas o cruces, mientras que las serbias y montenegrinas son muy guapas y estilosas. En Belgrado, que de noche tiene una marcha de la leche, aun quedan testimonios de los bombardeos de la OTAN, impresiona ver los huecos dejados por las bombas en lo que alguna vez fue el ministerio de defensa. Estando allí te das cuenta de que aun les queda mucho para llegar al nivel de España pero también tienes la sensación de que en Serbia y Montenegro hay un gran potencial y de que van a ir para adelante rápidamente.


A Timisoara, la hermosa ciudad rumana en la que terminaba nuestro viaje, ya llegué agotado y con ganas de tirarme una semana metido en la cama. Sin embargo, tenía en los labios el sabor dulce que me dejaba la sensación de saber que en la mochila, además de ropa sucia, me llevaba muchas otras cosas inolvidables.













04 abril, 2011

VIVA EL GASTO PÚBLICO!!!!!!!!!

Estoy harto del discurso neoliberal, últimamente lo escucho por todas partes, en el trabajo, con los amigos, en el mercado, la televisión... La famosa crisis, esa que fue fruto de la especulación y la falta de controles del mercado capitalista, está sirviendo como la excusa perfecta para lanzar un ataque brutal contra el estado del bienestar en toda Europa.

Los mismos economistas que participaron de la quiebra del sistema y la mayoría de los políticos repiten como papagayos un discurso vergonzoso por el cual se culpabiliza al gasto social de todos los males del estado. Se afirma que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades o que la época del pespilfarro se ha acabado, evidentemente para aquellos que no creen en la educación, la sanidad o el transporte público y de calidad, la inversión en estos sectores es un “despilfarro” intolerable. Lo grave es que, de tanto lazar este mensaje en los medios de comunicación, está calando en la mente de la mayoría de la población, demasiado acostumbrada a que piensen por ella y a no cuestionar ninguna idea preconcebida.

En este contexto, la verdadera desgracia para los países europeos es la falta de políticos de raza con la suficiente personalidad como para ser capaces de gobernar pensando en el interés de los ciudadanos a los que representan antes que en los suyos propios o en el de los grandes lobbys económicos que financian sus campañas. Es una calamidad que nadie en la izquierda europea haya sido capaz de articular un discurso alternativo al neoliberal, que nadie se atreva a levantar la voz y defender la idea de que el gasto social no es una enfermedad sino algo necesario para conseguir sociedades más justas y mejor articuladas, o que nadie sea capaz de presentar un camino diferente para salir de la crisis que se aleje de las reglas impuestas por el FMI. En el caso de España y Portugal, los únicos países europeos donde aun gobierna el teórico centro-izquierda, resulta patético ver a los socialistas aplicar como alumnos aventajados las medidas que les imponen los organismos económicos internacionales (seguramente porque no tienen otra opción si quieren financiar la deuda del Estado) y repetir con la convicción del converso el discurso de la “sagrada austeridad”. Pero si la izquierda da pena, lo de la derecha es ridículo e irresponsable. Lo único que preocupa a la oposición de estos dos países es alcanzar el poder, cueste lo que cueste, y para conseguirlo han adoptado un discurso hipócrita por el cual defienden ideas en las que no creen y que saben que no van a poder adoptar cuando gobiernen. El ejemplo más evidente lo tenemos en la actual crisis política de Portugal donde Sócrates se vio obligado por la presión de los mercados a someter a la aprobación del parlamento una serie de medidas de austeridad que tumbó la derecha para forzar la dimisión del primer ministro. La convocatoria de elecciones en Portugal ha abierto una crisis política que está siendo aprovechada por los especuladores y seguramente acabe con la intervención externa de la economía lusa. Lo indignante es que en el PSD sabían perfectamente que las medidas de austeridad venían dictadas desde Bruselas y que, en el caso de alcanzar el poder, van a tener que asumirlas ellos también.

En fin, que como vuelva a oír a alguien contarme la historia de que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y de que el gasto público es malo-malísimo creo que voy a volverme loco o neoliberal, lo cual viene a ser lo mismo.




21 febrero, 2011

DIVULGANDO LA HISTORIA

Hace tiempo que vengo defendiendo la idea de que los historiadores nos debemos preocupar por la divulgación de nuestras investigaciones entre el público en general. Para ello, es necesario que utilicemos un lenguaje cercano y que recurra a los medios audiovisuales e internet, ya que cualquier otro formato está condenado a llegar sólo a minorías. Por todos estos motivos quiero aplaudir la iniciativa de un buen amigo de crear un blog de divulgación histórica. Lleva poco tiempo en la red pero parece que está teniendo bastante éxito. Os invito a leer su última entrada (20 de febrero de 2011) que es una entrevista a un historiador loco que se dedica a estudiar la circulación de biombos durante la edad moderna:
http://www.enlahistorioteca.blogspot.com/

12 enero, 2011

EL TIEMPO ES RELATIVO

Frente a la noción del tiempo cuantitativa, limitada por segundos, minutos, horas, dias, semanas, meses o años, sin alma ni espacio para la subjetividad, yo percibo el tiempo de manera relativa, dependiendo de la calidad o de la intensidad de los momentos. Hay segundos que lo cambian todo y otros que pasan inadvertidos entre el barullo de los minutos; horas que se viven más intensamente que meses de rutina; años que no llegan nunca y otros que se van volando. El tiempo no pasa a la misma velocidad al lado del mar que en la ciudad, junto a la gente que quieres o confundido entre la masa de personas que pasan, ahogado en la desidia o abrumado por la excitación del momento. Da igual lo que marque un reloj, una tarde leyendo el periodico no mide lo mismo que una tarde en la que te tomas un café con una persona importante para ti y con la que hacía años que no hablabas. No se vive igual y, sobre todo, no se recuerda de la misma manera. El tiempo es relativo, pero una cosa es absoluta: Da igual a la velocidad que lo haga, el tiempo siempre pasa.

15 diciembre, 2010

ANDANDO JUNTO A VASCO, LOS VIAJES DE JUAN SIN TIERRA

Hace tiempo que el gran público de lectores dejó de pensar que los cómics o tebeos eran una cosa sólo apta para niños pequeños, compuestos de historias frívolas y protagonizados por súper héroes, y empezó a valorar sus posibilidades narrativas y artísticas. El cambio de percepción ha sido acompañado por un cambio de nombre, ahora se prefiere utilizar el término “novelas gráficas”, que si a un neófito en el tema como yo le preguntan que diferencia tiene con los tradicionales cómics o tebeos no sabría muy bien que responder. En mi opinión, la diferencia se encuentra en que en algunos casos se trata de obras destinadas a un público más adulto y que cuentan una única historia que se desarrolla desde la primera hasta la última página.
El caso es que yo, gracias al bicho raro de mi hermano, que no hace más que regalarme títulos clásicos del género, he ido descubriendo un nuevo estilo de contar historias que poco a poco me ha ido fascinando. Me parece que el cómic, tebeo o novela gráfica, tiene la virtud de combinar, como sucede con el cine, dos lenguajes, el escrito y el visual, lo cual le abre al autor un montón de posibilidades creativas y al lector la oportunidad de disfrutar de un buen relato de una manera diferente a como lo hace con la literatura clásica.
Los cuatro volúmenes que componen Los viajes de Juan sin Tierra de Javier Isusi (ed. Astiberri) son un ejemplo inmejorable de todas las virtudes que podemos atribuir a la novela gráfica de calidad: una historia apasionante desarrollada a través de un lenguaje visual espectacular, los dibujos son impresionantemente buenos, y un cuidado de la narración escrita que no tiene nada que envidiar a los de cualquier novela convencional.
No se si existen buenas historias universales o si el hecho de que nos guste o no una historia depende de nuestros gustos personales e inquietudes. En cualquier caso, a mí el tema de los viajes interiores y exteriores en busca de uno mismo o el de la posibilidad de perderse del mundo, siempre me han apasionado. Los viajes de Juan sin tierra son las aventuras de Vasco a través de México, Nicaragua, Perú, Brasil y Portugal en busca de un amigo desaparecido, Juan.
El autor no oculta la deuda del protagonista de la historia con uno de los grandes clásicos del género, Corto Maltés, cuya sombra aparece en algún momento como homenaje al personaje y guiño a los aficionados. El atractivo de Vasco esta en que se trata de un viajero, no un turista convencional, que esconde una personalidad misteriosa que vamos descubriendo página a página. El significado completo de la aventura se va desarrollando a lo largo de los cuatro volúmenes y no se resuelve hasta el final, sin embargo, cada libro contiene una historia particular que nos revela un pedazo del mundo por el que pasa su protagonista. Los dibujos nos transmiten en cada momento el paisaje espectacular de las ciudades y la naturaleza americana, y sus diálogos nos hacen reflexionar continuamente sobre la vida. Para terminar, yo me quedo con dos frases de Vasco sacadas del último de los volúmenes, En la tierra de los sin tierra, que creo que resume un poco el mensaje de la historia:
- Bueno, por supuesto nadie vino a buscarme, y cualquiera que se crea que viajando huye de los problemas se equivoca. Puedes despistarlos un tiempo. Poco.
Pero los fantasmas te siguen a todas partes, viajan contigo, y te encuentran mas pronto que tarde; y cuando lo hacen tú estás desarmado, sin la coraza de la rutina diaria.







Entrada dedicada a mi carnal, que si no fuera tan pesado en su proposito de hacerme partícipe de todas sus aficiones, yo nunca hubiera conocido a Vasco y a Juan.

12 diciembre, 2010

Parecidos razonables

Gracias a la mano experta de mi amigo Chuti, aqui podemos apreciar el increible parecido de Yonko y Caste con dos personajes famosos:

Y aun falta Carmona con Gabino Diego...

22 noviembre, 2010

CRÓNICA POLACA

Mi viaje a Polonia ha sido una experiencia increíble. Estoy muy feliz de haber podido tener la oportunidad de visitar un país tan diferente de los que ya conocía. Nunca antes había estado en Europa del este ni había pisado una antigua república de la órbita soviética, así que iba con las mayores expectativas y la verdad es que el resultado no me ha decepcionado.
Es absurdo pensar que una persona en 4 días puede hacerse una ligera idea de lo que es el paisaje y la cultura de un país. Sin embargo, sí que creo que este corto periodo de tiempo puede servir para quedarse con algunas ideas generales, aun a riesgo de poder caer en superficialidades. A mi, los paseos y conversaciones en Varsovia y Cracovia me sugirieron algunas ideas, como que las ciudades en Polonia son extremadamente limpias, es difícil ver un papel tirado en el suelo y mucho menos una cagada de perro, cosas que, por otra parte, resultan bastante habituales en el sur de Europa, por no hablar de mi querido México. Otra diferencia es el silencio, no se oye barullo por la calle ni dentro de la universidad o de los restaurantes. Además, se trata de ciudades muy seguras, donde no es raro ver a chicas andando solas a altas horas de la noche. Pero quizá la mayor distancia la marca la luz, da igual la hora del día que sea o si está nublado o despejado, parece que el sol fuese tímido en esa parte del mundo, que tuviera vergüenza de mostrarse en todo su esplendor, y eso, para un latino es algo muy duro. Uno tiene siempre la sensación de estar en la penumbra, una sensación que se acentúa por el gusto polaco por la luz artificial tenue en el alumbrado público o en el doméstico.
Mis primeros días en Polonia estuvieron ocupados por el congreso al que había sido invitado en la universidad de Varsovia pero aun así pude sacar tiempo para irme a conocer los alrededores. A mi la ciudad no me pareció especialmente bonita, fue arrasada por los nazis al final de la segunda guerra mundial y tuvo que ser reconstruida piedra por piedra. El casco antiguo ha sido rehabilitado conforme a cómo pudo haber sido su aspecto original y logra su objetivo de engañar al espectador. Sin embargo, el centro histórico, que es la parte más hermosa, se ve en una mañana y el resto de la ciudad tiene la típica arquitectura soviética de edificios funcionales y espartanos, una homogeneización que no dejaba ningún tipo de margen al adorno o a la imaginación, pero que resulta muy ilustrativa de lo que pudo haber sido ese periodo de la historia polaca.
Después de conocer Varsovia me propuse superar mi resaca de vodka polaco y dirigirme a Cracovia. Estaba a tres horas de distancia pero me apetecía mucho hacer el viaje en tren. Siempre he creído que uno de las mejores formas de conocer el paisaje de un país es a través de la ventana de uno de sus vagones. Así que me decidí a madrugar para aprovechar las pocas horas de luz y me fui para la estación. El paisaje resultó un poco monótono pero nuevamente también muy ilustrativo, valles llenos de árboles y granjas.
La ciudad de Cracovia me encantó, es impresionantemente hermosa. Se trata de un conjunto tan bonito de calles, iglesias y plazas, que resulta un placer dar un paseo sin prisa entre sus monumentos y edificios. El interior de la Basílica de Santa María es una de las obras religiosas más bellas y originales que conozco, y que yo diga esto de una iglesia es digno de subrayarse. Además, tuve tiempo de visitar el gueto judío, que también era una cosa que me hacía mucha ilusión, e incluso de ver el interior de alguna de sus sinagogas. Por último, en el castillo de Wawel pude entrar en la catedral y visitar la polémica tumba del gemelo que se murió en el accidente aéreo de Rusia. En resumen, un día completo que le recomiendo a cualquiera que tenga el tiempo y el dinero para permitírselo.
De todas formas, lo que más me impresionó del viaje y que seguramente sea el recuerdo que conserve con más fuerza en mi mente, no fueron los monumentos o los edificios de las ciudades que visité, sino lo espectacularmente hermosas que son la polacas. De verdad que no se trata de un comentario frívolo, las mujeres polacas son una auténtica obra de arte: Impresionantemente guapas e impresionantemente atractivas. Yo creo que de haber pasado un solo día más en ese país me hubiera acabado de volver loco y me habrían tenido que atar con cuerdas como a Ulises para que resistiese las innumerables tentaciones. Quizá el hecho de que las polacas estén tan buenas me haga tan sumamente duro el comprobar cómo en ese país tan católico aun puedes encontrarte monjas jóvenes por sus calles. No se, supongo que cada uno imagina el paraíso de una manera diferente, pues bien, el mío está lleno de monjas polacas, de eso no me cabe la menor duda.


Plaza principal de Varsovia

El virrey en la Universidad junto al cartel del congreso

Plaza principal de Cracovia con el mercado de telas y la torre del ayuntamiento al fondo

Plaza de Cracovia

Basílica de Santa María en Cracovia

Calle de Cracovia con la entrada a la ciudad al fondo